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Contar lo que se hace bien
La sexta línea son las comunicaciones estratégicas y es la que más se malinterpreta. No se trata de propaganda. Se trata de que la conducta de la tropa —que es lo que las otras cinco líneas persiguen— llegue a conocerse, porque una institución que hace bien las cosas y no lo cuenta deja el relato en manos ajenas.
El documento lo dice sin adornos: los grupos armados ilegales justifican sus acciones delictivas con una narrativa opuesta a la realidad e influyen negativamente en la población civil. Frente a eso, el silencio institucional no es prudencia. Es terreno cedido.
Por eso encarga a las unidades militares formular iniciativas que fortalezcan sus medios de comunicación y los conviertan en herramienta efectiva para articular y procesar la información. Nótese el orden: primero articular, después difundir. Al revés se producen comunicados que la propia tropa no reconoce.
Hay un destinatario que suele olvidarse y que quedó escrito: mantener la moral de los integrantes activos, de los retirados y de sus familias. Un soldado que ve cómo se cuenta lo que hizo su unidad entiende que su trabajo tuvo un lugar; el que no lo ve, supone que no lo tuvo.
Con esta línea cierra el documento y cierran también estas anotaciones sobre él. No traigo el «Bicentenario» como obra terminada. Un lineamiento vale lo que valga su aplicación, y eso ya no lo decide quien lo redacta.