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Cooperar hacia adentro y hacia afuera
La línea de cooperación se entiende en dos direcciones: la alineación con las demás entidades del Estado y el acercamiento con otros países u organismos internacionales. Es de la que menos se habla y la que más depende de personas concretas sentadas en una mesa.
Hacia adentro, el compromiso es poner las capacidades de la Fuerza al servicio de los fines esenciales del Estado y apoyar programas de desarrollo social y económico, previo análisis de viabilidad y pertinencia, en el marco de la acción unificada. La cláusula de viabilidad no sobra: el apoyo indiscriminado termina desdibujando a quien lo presta.
Hacia afuera, la asesoría se ofrece con base en la experiencia adquirida contra los grupos armados organizados, los grupos delincuenciales organizados y la delincuencia organizada transnacional. Es un capital incómodo de nombrar: lo aprendimos porque nos tocó, y no hay razón para que otros lo aprendan del mismo modo.
La cooperación con los países fronterizos aparece con una condición expresa: respetar la soberanía de los Estados. Entre 2017 y 2019 fui Agregado Militar de Colombia ante el Perú, concurrente en Bolivia, y participé en la XXIII Ronda de Conversaciones celebrada en Lima. En esa mesa se entiende rápido por qué esa frase quedó escrita.
Queda por último la interoperabilidad con otros ejércitos, que suena a asunto técnico y es sobre todo de lenguaje. Dos fuerzas que no comparten procedimientos ni vocabulario jurídico no cooperan: coinciden en el mapa.