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La instrucción que baja al pelotón
La primera línea de acción de «Bicentenario» es la educación, y el documento la llama eje rector. No por cortesía: es la única que actúa antes de que ocurra algo. Las demás —disciplina, defensa, atención— entran cuando el hecho ya está en curso o ya pasó.
Se articula con piezas que existían y otras que había que ordenar: el Plan Estratégico del Sistema Educativo, los talleres de lecciones aprendidas, los talleres de capacitación coyuntural que siguen la directiva anual del Ministerio de Defensa, y el plan de acompañamiento jurídico en los niveles estratégico, operacional y táctico.
El Plan Minerva tiene dos iniciativas de nombre acertado. Dureza suscribe convenios educativos para capacitar en doctrina a los operadores judiciales; firmeza fortalece la generación de doctrina jurídica militar mediante tanques de pensamiento. Que un juez y un comandante manejen el mismo vocabulario evita después discusiones que no son jurídicas, sino de traducción.
La parte que más me importaba es la menos vistosa: la capacitación extracurricular dictada hasta nivel pelotón por personal de las oficinas jurídicas, resolviendo dudas concretas según el ambiente operacional. Una instrucción que se queda en la unidad operativa mayor no llega adonde se toman las decisiones de treinta segundos.
Nada de esto se inventó en 2017. Viene del plan que el Comando General ejecutó en los años noventa sobre la propuesta del Comité Internacional de la Cruz Roja y de la Directiva 800-04 de 2003, que integró la materia a la doctrina y a los currículos de las escuelas de formación. Lo que se hizo fue amarrarlo y dejarlo por escrito en un solo documento.