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Buitrago Avella

07

Bitácora

Los dos lados de la orden


Mandé tropa durante años y después me sentaron a escribir las reglas que esa tropa tendría que cumplir. Di por hecho que era el mismo oficio visto desde otra silla. No lo es, y tardé en entenderlo.

Quien comanda una unidad en terreno no juzga una norma por su redacción, sino por lo que pesa a las tres de la mañana, cuando hay que decidir en treinta segundos y con información incompleta. En Chiquinquirá primero, y años después en el Nudo del Paramillo, fui viendo que ninguna instrucción sobrevive intacta al momento en que se necesita. La que no se puede recordar bajo presión, en la práctica no existe.

Más adelante, en un escritorio en Bogotá, el problema se me presentó al revés: escribir para hombres a quienes no iba a poder explicarles nada. Uno redacta, revisa, consulta, y aun así el texto sale a hacer solo un trabajo que ya no puede acompañar. Es una forma incómoda de responsabilidad, y no se parece en nada a dar una orden mirando a la cara.

De ahí salió la preocupación que ordenó el trabajo en los lineamientos «Bicentenario»: el propósito de una norma operacional no es sumar prohibiciones, sino que quien va a decidir sepa con claridad qué sí puede hacer. La duda inmoviliza más que la restricción. Un oficial que desconfía de su marco jurídico en el momento equivocado suele equivocarse por partida doble: contra la misión y contra la gente que estaba obligado a proteger.

No traigo esto como conclusión ni como lección. Lo escribo porque es la pregunta que me sigue ocupando ahora, en retiro: cómo se redacta algo que va a leerse cansado, de noche y con prisa. Sospecho que ahí, y no en la elegancia del texto, se juega casi todo.

Coronel (r) Pedro Nel Buitrago Avella

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