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Seis líneas y una disciplina
Las seis líneas de acción —educación, disciplina, defensa, atención, cooperación y comunicaciones estratégicas— ocupan la mitad del documento. Es la parte que un comandante lee de verdad, porque es la que le dice qué hacer el lunes. Las otras dos justifican; ésta ejecuta.
La de disciplina es la que tiene más filo. Establece que la orden de operaciones es competencia exclusiva del comandante de la respectiva unidad y no admite delegación. Distingue las reglas de enfrentamiento de las reglas para el uso de la fuerza, apoyándose en la sentencia C-080 de 2018 y en el Manual de San Remo. Y obliga a incluir al asesor jurídico operacional en las cinco fases: no hacerlo se entiende como falta disciplinaria.
Esa obligación es el punto de mayor exigencia del texto. Sin ella, la asesoría jurídica depende del carácter de cada comandante y el soldado que ejecuta queda expuesto a esa lotería. Quedó escrito también que el asesor debe abstenerse de emitir conceptos sobre operaciones en las que no participó desde el comienzo. Firmar después es prestar el nombre.
La línea de educación es la más extensa y la menos vistosa: el Plan Estratégico del Sistema Educativo, el Plan Minerva con sus dos iniciativas, los talleres de lecciones aprendidas, la capacitación extracurricular dictada hasta nivel pelotón. Ese último detalle pesa más de lo que parece: la instrucción que no baja al pelotón no llega a donde se decide.
Atención, defensa y cooperación completan el cuadro: las alertas tempranas de la Defensoría del Pueblo, el comité de reacción inmediata, la prevención del daño antijurídico, los militares víctimas del conflicto, los acuerdos con los países fronterizos. Seis líneas no son seis compartimentos; son seis maneras de mirar la misma operación. Que se lean así o no, eso ya no dependía del texto.